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P L A C E B O (7)

Muchas veces terminas comparando tu vida a la de otros, que habrías hecho en su situación. Y Loki, en medio de la oscuridad, ya no podía contar cuantas veces y cuántos escenarios recorrieron su mente de maneras tan diferentes que dejó de comprender cuáles eran sus recuerdos y cuales sus sueños.


Él comprendía la soledad, que dejó marcas tan profundas como Odín, padre de todo, y que le carcomía a una velocidad tan lenta que se convirtió en dolorosa con el paso de los días, pero incluso la soledad puede ser superada y el tiempo permitió olvidar que era tener compañía. La soledad estaba obsoleta.


Él conocía el significado del cariño, que dejaba heridas incapaces de sanar, nublando su mente y creando visiones de felicidad. Tranquilidad ofuscada por la verdad de una guerra más cercana que el reino de antaño, pero encubierta con sedas de oro y toques de una mentira llamada familia. Pero incluso el cariño puede ser superado y el tiempo le enseñó a no sentir. El cariño estaba sobrevalorado.


Él sabía lo que era el odio, que provocaba la más deliciosa de las batallas, cegando sus ojos a la realidad de su vida, ayudándole a confundir su piel con la de su enemigo. Rabia oculta por obsesiones descritas en guerra, en sangre, muerte, gritos, venganza. todas dispuestas en el mismo paquete que obligaban a saltar al vacío. Pero el odio puede ser superado, y la venganza le enseñó a utilizarlo. El odio era un aliado.


Oh, él entendía perfectamente el significado de familia, reliquia, que brillaba por su ausencia en los momentos más irreconocibles de su vida, aquellos en los que ni él mismo comprendió qué hacía. Pasión pisoteada por avaricia, viscosa y brillante, que manchaba cada ser que tocaba. Pero hasta la familia podía ser superada, No, Loki.


Él conocía muy bien el silencio, ahogado en una nube de incomprensión, una guerra interna por gritar “¡injusticia!”, deseos de rogar “¡Mírame!”, ilusiones borrosas y desdibujadas que fingían  ser aquello que anhelaba y que desaparecían con el alba. Y el silencio no podía ser superado, ni siquiera con su propia voz, agotada y ronca de gritar, que poco a poco fue tragada por la oscuridad hasta no ser más que un recuerdo vago de que un día existió. El silencio no tenía rival.


Sus pensamientos, sin aquella estimulación externa del día al día, se deterioraron al punto que sólo quedó una sola cosa a la que terminó aferrándose por miedo a lo que vendría cuando finalmente, hasta esa pequeña idea, desapareciera. Y en el transcurso entre un punto y otro, la razón del miedo también dejó de existir.


¿Qué fui?


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Las probabilidad de Loki de sobrevivir mucho tiempo en el olvido era nula y era por eso, que esta era la peor sentencia que Asgard podría ofrecer. Y no era la oscuridad o el silencio o el saberse olvidado por los de afuera, no. Era el punto de quiebre de la mente donde incluso se olvidada a sí mismo.


Lo que pudiera necesitar sería un poco de luz quizás, y entonces, el segundo príncipe del reino de Asgard pudiera recordar si existía más allá que ese solo pensamiento.


Porque ciertas veces, la luz viene del exterior y la oscuridad huye, otras la oscuridad gana como en estas cuevas, apagando todo rastro que pudiera emitir luz; pero en raras ocasiones, la luz no venía de una fuente de iluminación, era un ser y todo dependía de quien lo necesitara porque para Loki, el primer vistazo de claridad venía empacado en un tenue y diminuto color azul y la luz viajaba en el sonido.


Para Loki, luz no implicaba poder volver a ver, sino saberse que, al parecer, nunca estuvo en el olvido.


-¿Cuernitos?


Eso era suficiente.

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P L A C E B O (6)

Para Thor, la llegada del niño de cabellos negros fue una sorpresa, un compañero de juegos que padre le había traído para su deleite, un compañero de travesuras, un hermano de armas en batalla, alguien que le cubriera la espalda cuando las cosas se pusieran feas.


Cuando Loki, durante su infancia, comenzó a estudiar magia en lugar de simular grandes peleas y lograr grandes hazañas en los campos de entrenamiento, cuando tomó las lanzas y las dagas en lugar de la espada y el mazo en su adolescencia, cuando prefirió estrategia en lugar de hacer frente al enemigo, perdió la poca credibilidad que tenía ante los ojos de su no hermano; y cuando al dios del trueno le preguntaban de Loki, solo giraba la cabeza a mirarle con decepción evidente en sus ojos.


Pero para Thor Odinson el momento  en que su no hermano comenzó a cambiar no estaba claro; si lo pensaba con detenimiento en ningún recuerdo existía la prueba de que los trucos e ilusiones sosas que conjuraba fueran muestra del inicio de la decadencia que les llevaría a mostrar su opinión verdadera respecto al Jotun; probablemente las mentiras de Lengua de Plata demostraban cuán fácil le resultaba manipular a los demás, y si eso sucedió mientras se suponía eran hermanos de armas, no hermano, ¿qué ilusiones inventaría, qué mentiras hilaría en delicados hilos de oro a los oídos del rey Thor?


El día en que Loki decidió dejarse ir hacia el abismo, fue un día trágico. El segundo Príncipe, no heredero, no hermano, no hijo, ayudó a deshacerse de la carga que venía pesando a los hombros de la familia real, dio cumplimiento a las miles de palabras exigiendo venganza por bromas humillantes. Y pudieron fingir que dolía, pero las lágrimas no serían verdaderas y el olvido tocó las piel de Loki, y su mente dejó de creer y se hundió en la oscuridad.


Cuando la la luz de la realidad se dejó ver tras el portal, cuando su no hermano regresó de la muerte fue como estar de nuevo en el frío aterrador del dominio de los Gigantes de Hielo, fue verse de nuevo enfrentado a Laufey, ante la bestia que juró destruir. Pero ahora, destruirlo o encerrarlo no importaba, no hermano, porque solo era un monstruo de pesadillas más al que el gran Dios del Trueno vencería.

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P L A C E B O (5)

La oscuridad oprimía.


El silencio le asfixiaba.


Su voz había dejado de provocar en él alguna reacción, incluso para no escuchar el silencio de ese lugar su voz resultaba insuficiente. Era difícil distinguir entre la oscuridad de ese lugar y la de sus propios miedos, donde el pasado se confundía entre lo que fue y lo que pudo ser, donde ese punto en el que dejó de ser Loki quedó grabado en su mente, repitiéndole incansablemente que probablemente nunca fue ese alguien que creyó ser y solo representó el deseo fijo del rey Odin de crear el plan perfecto para terminar la guerra y someter a jotunheim.


Pero ya nada tenía sentido  dentro y fuera de su mente confundida… Todo sucedió en algún momento de estos días, semanas... ¿meses? ¿cuánto medía el tiempo?


¿Aún seguía vivo?


Las risas, las bromas, la guerra, las heridas, la batalla, la humillación… Su vida se entremezclaba formando extraños pasajes que se volvían desconocidos para él: La risa en batalla, el llanto en los brazos de su madre, sangre en el rostro de su no padre, histeria y euforia en el rojo de sus manos.


En las catacumbas de Asgard, Loki de nadie descubrió que su celda no tenía fin, no había paredes, ni barrotes, no límites. Al principio caminó buscando, a tientas y al parecer sin rumbo; despierto o en sueños, era difícil de descubrir, pero la oscuridad de su encierro era tan eterna como ese lugar. Y sin saber a dónde ir, a dónde iba, sin medir el tiempo, dejó de buscar y empezó a esperar.

La oscuridad no terminaba, la locura incrementaba y su mente, incapaz de soportarlo, comenzó a olvidar su vida.

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P L A C E B O (4)

El día que Frigga tuvo entre sus brazos a su primogénito y único hijo, la felicidad le hizo resplandecer ante los ojos de su amado esposo. De nombre Thor, el pequeño rubio de ojos azules se ganó el corazón de todos, el tesoro de carne y sangre heredero del reino; aventurero, travieso, valiente. Creció para convertirse en un hombre de batallas, en alimento de leyendas y victorias que se contaban de boca en boca en las noches frías. Era y sería el ejemplo ideal del guerrero de Asgard.


Cuando el bebé de cabellos negros y ojos verdes fue entregado a los brazos de Frigga, no madre, solo una sonrisa se posó en sus labios. El segundo pequeño, no hijo, de los soberanos de Asgard era diferente a ellos y no lo ocultarían, no era sangre de Odín, no pertenecía. Travieso, impresionable y leal, creció bajo la sombra de Thor Odinson, persiguiendo ideales, reclamando la magia para él, intentando hacer orgulloso al rey, no padre, avergonzando a su familia, no sangre, exigiendo más de lo ofrecido. Venganza fue su consuelo, sin armas aceptadas por el reino pero aquellas que creyó le volverían un digno guerrero no tuvo otra opción más que afilar sus palabras, llenar de veneno su lengua y pelear de frente contra los enemigos, entre las sombras contra sus enemigos.


Cuando la reina de Asgard accedió a tomarlo como aprendiz en el arte de la magia, la ilusión en el pequeño Loki creció al saberse predilecto por tal regalo. El infante dedicó sus tardes y noches a practicar para enorgullecer a su tutor sin embargo, un gigante de hielo jamás podría estar a la altura de un Aesir, un monstruo viviendo entre dioses no podría considerarse hijo.


Para Frigga, la realidad de su no hijo llegó cuando las ilusiones de su magia dejaron de ser trucos baratos para impresionar y se convirtieron en armas de sus travesuras; el momento de decepción arribó con la falta de un arma varonil entre sus manos, el joven no era perfecto, no era familia, pero aún así seguiría cuidándolo, guiando sus pasos para convertirlo en el tesoro que Asgard necesita, reliquia de guerra.


No era difícil comprender que dejar a Loki a su propia merced sólo resultaría en problemas para el reino, y no se vio equivocada en su aseveración cuando una tarde, Loki traicionó a su reino. Pero cuando se ha visto su predisposición para el caos, la humillación y la venganza en su persona y dentro de las paredes de su no hogar, su afecto a las ilusiones  y ataques por la espalda en el campo de batalla, su cobardía, no había a quien culpar más que a quien le educó: Frigga, no madre de Loki. Cargada de vergüenza y azotada con cada humillación que su no hijo provocaba con sus acciones, seguía caminando con la frente en alto porque el orgullo por su hijo primogénito, Thor hijo de Odín, heredero del reino de Asgard, le daba más fuerza que Loki, sin nombre, podría quitarle.

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